Abrazos con agujas

El dolor es algo que aparece casi al mismo tiempo que ser madres. Primero el miedo, luego el dolor.

El dolor emocional en el posparto y la necesidad de ser madre

Toda mujer que es madre se puede imaginar de qué va ir todo esto. El dolor es algo que aparece casi al mismo tiempo que ser madres. Primero el miedo, luego el dolor. Así es. Pero hablemos de cada uno.

El miedo nos acompaña a lo largo del embarazo, con muchas incógnitas y mucha incertidumbre. No sabemos qué pasará, cómo será ni cuándo. Todo lo que no controlamos nos hace sentir miedo, en más o menos proporción y es por eso que las mujeres embarazadas suelen tener más o menos miedo al parto, al posparto o a la lactancia.

Pero, ¿por qué sentimos miedo al dolor? El dolor es algo pasajero, algo de lo que no debemos preocuparnos demasiado pues en algún momento desaparecerá y nos dejará con nuestro hijo, o no. Eso puede pensarse respecto al parto, pero hay mujeres que lo pasan verdaderamente mal con la lactancia y el posparto.

Toda mujer que ha tenido un mínimo de problema con la lactancia sabe lo que le digo. Sabe que estamos en un momento muy sensible, que acabamos de ser madre y que queremos alimentar a nuestros bebés de la mejor manera posible. Pues bien, el miedo y el dolor, que casi siempre van de la mano, están presentes en la lactancia y en el posparto.

El dolor físico es ese que se acaba marchando, que desaparece llegado el momento. Por tanto, el dolor físico no es algo rotundamente temible. Pero hay otra especie de dolor que sí nos preocupa bastante, sobre todo a esas madres que están más sensibles o más preocupadas una vez han parido.

Yo no soy especialista, no soy psicóloga ni terapéuta como para ponerme hablar con tecnicismos en el ámbito del posparto, pero sé de primera mano cómo se pasa ese momento y qué es lo que una mujer puede sentir. Yo he vivido el posparto y fui muy sensible a él, es más, creo que aún sigo siendo susceptible a él.

Un posparto es dolor. Dolor físico o sensible y dolor psicológico o emocional. Me gusta más emplear el término emocional o sentimental. El término psicológico puede dar lugar a confusión, y se me puede malinterpretar. Siendo yo, prácticamente una persona muy crítica con la psicología. No significa que no crea que puede ayudar, es más, creo que ayuda pero no a todas las personas ni en cualquier circunstancia.

En este sentido, en el contexto del parto y del posparto, el dolor significa mucho en la mujer. Mi mayor preocupación es que ni la sociedad ni la familia es capaz de ver de cerca este tema. Cuando nace un bebé, todos están alrededor del niño o la niña y nadie ve lo que ve la madre del bebé. El bebé aún no siente todo ese calor que los demás quieren darle, es más sólo necesita el calor y cariño de su madre, y luego el de su padre. Pero más allá de eso, nada importa.

Lo que si es de verdadera importancia es el dolor de la madre recién parida, el dolor de la mujer que acaba de ser madre. Este dolor emocional se palia bastante con la ayuda de los demás, y no me refiero a que tiendan a coger al bebé para que la madre descanse. Una madre puede descansar perfectamente con su bebé en brazos, y la que no pueda pedirá que la ayuden. No faltan brazos para coger al niño cuando una madre lo pide. Pero si faltan palabras y delicadeza para entender a una madre cuando ésta por ende lo aclama a gritos sin gritar.

Toda mujer, unas más y otras menos están deseando descansar tras dar a luz, quedarse a solas con su hijo o hija, hablar con su pareja o con sus seres más cercanos. Uno o una debe tener cuidado y delicadeza con esto, porque todos se acercan a verla, o mejor dicho, a ver al bebé. Es esto lo que llamo abrazos con agujas. Tienden a dar cariño, exceso de atención cuando nadie lo está pidiendo y lo que ocurre es que esos abrazos son punzantes. Son abrazos indeseados, abrazos que aprietan y ahogan. Nadie quiere ser ahogado, a nadie le gusta que le falte la respiración.

Así es el dolor emocional del posparto, como si no pudieras respirar. Si a una persona le falta el aire le damos espacio, le concedemos ayuda y lo contrario, no seríamos capaz de apretarla más o atosigarla más. Aquí está el problema, todos se empeñan en apretar.

Las madres, por naturaleza, ya sean primerizas o no, saben ser madres. Pero nada, todos se empeñan en enseñar y en opinar. ¿Alguien a pensado alguna vez que también estaría bien preguntar?

Creo que todos, por el mero hecho de tener humanidad y empatía (no todos en la misma medida) pueden preguntárselo pero quizás haya que poner un poco más de empeño. Quizás haya que sacrificar las ganas de coger al o la bebé, quizás haya que sacrificar la intención de ayudar opinando, quizás haya que callar más y hablar menos. Quizás habría que pensar más en la puérpera que uno mismo.

No todo son regalos o dinero, visitas o llamadas. No todo son opiniones o «pues yo hacía esto y venía muy bien«. Quizás yo no quiero eso, quizás nosotras no queremos eso. Quizás deberías preguntarme, quizás deberías dejarme respirar. Quizás debieran tener en cuenta el dolor de una madre recién parida, los sentimientos a flor de piel, la impotencia en el estómago, el callar por no molestar. Quizás debieran entender que el bebé quiere ser atendido por su madre, que requiere estar en el pecho horas y horas, que necesita silencio y dormir, que necesita ser entendido y que entiendan a su mamá.

De esa incomprensión nace el dolor emocional. De la incomprensión nacen las dudas de la mujer y esas dudas la llevan a plantearse muchas cosas como por ejemplo: dudar de ser buena madre, dudar de coger a su hijo, dudar de alimentarlo demasiado o alimentarlo poco, dudar de estar haciéndolo bien. Y tengan en cuenta una cosa: toda madre sabe hacerlo bien. Le sale solo.

Entonces, por favor, pregunten y no de manera incómoda, visiten pero concerten cita, llamen pero no atosiguen, y opinen pero cuando se les pida. Por favor, hagamos una sociedad mejor, hagamos bebés con menos necesidades, hagamos bebés con más atención materna que de otros. Dejen libertad al bebé y a la madre. Dejen de invadir su espacio.

Entiendanlo de una vez por todas, el bebé no necesita del tío primo de su abuelo o de la tia madrina de la madre, tampoco del primo hermano ni de los abuelos pesados. El bebé, aproximadamente hasta los 10 meses o el año solo concibe a su mamá. Y, la mamá dejará de sentir ese dolor emocional si se lo ponen fácil. De verdad, no aprieten. ¿A ustedes les gustaría estar así?

El dolor acabará cesando, acabará llendose, al menos en la mayoría de los casos si todo se tiene en cuenta. Den tiempo y espacio a esa mujer, permitan que ejerza de madre y que se equivoque, permitan que cure sus heridas. No toquen donde no deben tocar y no hablen cuando no deben hablar. La sociedad se empeña en hacer las cosas como todos lo hacen y el dolor sigue presente mientras tanto.

Muchas madres se preguntarán, pero ¿cómo curar el dolor ya creado?

Esa es la gran incógnita en el momento de sufrir como sufre una mujer del posparto con abrazos de aguja. La puérpera dolorida debe decir no a esos abrazos de aguja, decir no a veces es difícil pero una debe pensar en su bebé y centrar la atención en ella misma. Por lo tanto, lo mejor para seguir avanzando, más o menos, es dejar las cosas claras y el chocolate espeso.

Cuando creas que es no, es no. Cuando creas que es sí, es sí. Y cuando no quieras escuchar nada más, marchate.

El dolor no te lo va a curar nadie, sólo tú y el cariño por parte de los seres queridos. Pero el cariño que dan los seres queridos debe ser sincero y sin ahogar. Sino, estaríamos hablando de los mismo, de los abrazos de aguja.

¿Cuándo se siente escuchada una mujer que acaba de ser madre? Cuando respetan las necesidades básicas de su ser. Cuando se las escucha y pregunta. Cuando se les deja espacio y tiempo. Cuando se las entiende.

Carta de una puérpera a sus familiares y amigos y, a la sociedad en general.

Por favor mamá, sé que tú lo hiciste genial conmigo sé que necesitabas hacerlo así y que, mejor que tú nadie lo hubiese hecho. Estoy segura de lo buena madre que fuiste en tu posparto y de lo que me querías pero déjame ser la madre que necesito ser, deja que me equivoque y que pueda ver qué madre quiero ser, deja que mi hijo pueda pedirme y que yo pueda abrazarlo siempre. Entiendeme con tu amor, dejame ser yo misma.

Por favor papá, no juzgues mi forma de ser, ni cuáles son mis principios, no quiero que pienses que soy mala madre por no darle el pecho, quiero tener la libertad de pasar más tiempo con él y hablar de otras cosas y creo que la leche artificial es una buena forma de alimentar a mi hijo si así lo decido. Sé que tu quisiste lo mejor para mí igual que lo quieres para él, pero por favor, deja que seamos su padre y yo quien decidamos eso.

A la madre y al padre de mi marido, sé que ustedes lo hicisteis genial con su hijo, es una persona estupenda, por eso me enamoré de él. Sé que nadie lo hubiese hecho mejor que ustedes, sois unos abuelos estupendos pero, por favor, dejen de opinar cada cuanto tiempo doy abrazos, mimos o alimento a mi hijo. Nadie quiere más que yo a este pequeño. Así que por favor, denme mi espacio y mi tiempo y denme su apoyo.

Hermanos, ustedes sabéis casi lo mismo que sé yo. Sabéis ser padres también o algún día lo seréis pero por favor, denme tiempo, pronto podrán pasar más tiempo con su sobrino. Ahora mismo me necesita, es pequeño y no conoce más que mi olor, mi voz, mi calor y los latidos de mi corazón.

Amigos y amigas, sé que todos lo hacéis con buena fé, sé que queréis colmar de regalos a este bebé, pero dejenle su espacio y el mío. Avisen cuando vayan a venir, pregunten antes de opinar y no hablen por hablar si no saben qué está pasando en un momento determinado. Pregunten si pueden coger al bebé y no lo cojan sin más. Interesense por mí también, yo no soy sólo una incubadora, tengo mis sentimientos. No soy sólo una teta, tengo alma y no sólo leche. Tengo corazón y no sólo dolor. Tengo necesidades, no sólo obligaciones. Necesito ser mujer, necesito ser madre, necesito ser yo.

A mi pareja, deja que fluya, acompáñame, atiéndeme, comparte conmigo, déjame que te explique que te diga cómo me siento. Deja que lo acune hoy de nuevo. Quiéreme más que en otro tiempo.

A todos, entiéndanlo.

Necesito de mi bebé, mi bebé necesita de mi. Necesito apoyo no una soga. Necesito tiempo no prisas. Necesito ser escuchada no interrogada ni maltratada con opiniones y sugerencias sin fundamento. Necesito que estéis cuando pueda yo estar, pero piensen bien que nada de este dolor es porque una quiera. Pronto me recuperaré y os necesitaré, pero por favor, tiempo.

Esta carta está escrita por mí, Victoria, de forma reivindicativa para que las madres que se sientan con dolor emocional puedan expresarlo. Quiero reivindicar el derecho de ser madre y ejercer tal derecho de la forma más natural posible y de la forma que la madre conciba, quiero reivindicar mi derecho como madre y no quiero que ni yo ni ninguna mujer se sienta presionada ni colmada de dolor.

Para concluir…

No todas nos recuperamos igual de rápido ni de la misma forma, la cuarentena no son 40 días, a veces son más. Todo bebé humano necesita de la exogestación, la cual dura aproximadamente hasta los 10 meses o el año incluso. Y, muchas madres necesitan ese tiempo para adaptarse y desprenderse un poco más de su pequeño. En otro artículo hablaremos de la exogestación. Un proceso tan importante para el pequeño como para la propia madre.

Escrito por Victoria Cárdenas Serrato

Continuará…

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