Daño existencial: que es

Daño existencial: que es

La diferencia y la resarcibilidad de la lesión que empeora la calidad de vida de una persona frente a la que afecta su salud.

Existe un daño a la salud, como el causado por un error de negligencia médica. Hay daños materiales, causados ​​por ejemplo por un accidente. Existe un daño patrimonial, es decir, el daño al propio patrimonio. Y también está el daño existencial: lo que es? En parte, se puede deducir del propio nombre: se trata de un daño a la existencia de una persona que conduce a un empeoramiento de su calidad de vida, aunque no esté catalogado como daño a la salud.

Lo que puede ser relativo: a menudo sucede, de hecho, que una lesión psicofísica, un «empeoramiento de la calidad de vida» de una persona, resulta en malestar físico, si no en una enfermedad real. En ese momento, sin embargo, el daño a la salud se hace cargo, que se trata de manera diferente.

En los últimos 20 años se han reconocido nuevos tipos de daño existencial, desde un embarazo no deseado por un error médico hasta las consecuencias de ser despedido sin una razón justificable. Episodios que alguna vez, quizás, se enmarcaron en el ámbito de daño moral o daño a la salud pero que algunos tribunales han considerado resarcibles como daño existencial. Veamos Qué es esto y cuando existe derecho a indemnización.

Daño existencial: ¿que es?

Queriendo dar una definición de daño existencial, se puede decir que consiste en el daño que provoca una empeoramiento de la calidad de vida no desde el punto de vista de la salud psicofísica, sino de la existencia del lesionado. En otras palabras, hablamos de daño existencial ante un episodio que impide a una persona realizar esas actividades o vivir aquellas situaciones que lo hacen feliz y realizado en la vida cotidiana.

Es por esto que, entre las diversas definiciones de daño existencial, se encuentran expresiones como «daño a la realización de las actividades de la persona humana», «ruptura de la agenda diaria», «renuncia forzada a las ocasiones felices».

Para dar algunos ejemplos, apoyados por algunos tribunales, pensemos en la mujer que se sometió a una cirugía de esterilización y, por error, quedó embarazada [1]. Un embarazo no puede ser considerado un problema de salud, pero puede conducir, cuando no es deseado, a un empeoramiento de la calidad de vida que va más allá del daño moral. Lo mismo se aplica a aquellos que, nuevamente debido a un error médico, ya no pueden tener relaciones sexuales. [2] o para los que pierden, porque fueron asesinados por un vecino, el único animal de compañía que le gustaba y que jugó un papel importante en su vida. [3]. Los jueces, en todos estos casos, identificaron daños existenciales.

Daño existencial y daño inmaterial

Sin embargo, el debate sobre la existencia del daño existencial como daño por derecho propio y, por tanto, indemnizable independientemente, fuera de ese no patrimonial.

Al respecto, las dos sentencias de la Corte Suprema de 2003, definidas como «gemelas» [4]. Ambos confirmaron la legitimidad de la indemnización por daño existencial, el hecho de que sea imputable a la categoría de daño inmaterial, la superación del principio según el cual el daño existencial sólo puede ser indemnizado en caso de delito y la posibilidad de compensarlo exclusivamente cuando se trate de derechos garantizados por la Constitución.

Posteriormente, nuevamente desde la Casación, intervinieron las Secciones Unidas [5] estableciendo que el daño moral no se puede dividir «en subcategorías etiquetadas de forma diversa. En particular – señalan los jueces supremos -, no se puede hacer referencia a una subcategoría genérica denominada «daño existencial», porque a través de ésta se acaba por llevar también el daño moral a la atipicidad, aunque sea mediante la identificación de la aparente figura categórica típica de daño existencial, que, sin embargo, incluye casos no necesariamente previstos por la ley a los efectos de la reparación de este tipo de daño, mientras que esta situación no es deseada por el legislador ordinario ”.

Más recientemente, nuevamente sobre el daño existencial, se han expresado otras opiniones, nuevamente por parte del Tribunal Supremo. Por ejemplo, se ha establecido que el daño biológico, moral y existencial «constituyen prejuicios no patrimoniales ontológicamente distintos y todos ellos resarcibles» [6]. Además, según la Corte Suprema, «la categoría autónoma de» daño existencial «, entendido como perjuicio de las actividades no remunerativas de la persona, no es admisible en nuestro ordenamiento jurídico», dado que el daño moral ya es resarcible por en virtud de la legislación vigente, y en particular el artículo 2059 del Código Civil.

Se puede concluir, en pocas palabras, que:

  • el concepto de unidad del daño inmaterial indica que un mismo daño no puede ser compensado varias veces solo porque se define con nombres diferentes;
  • el daño existencial debe ser compensado independientemente del biológico;
  • si los daños sufridos por una persona, aunque ambos sean inmateriales, son distintos entre sí, no se puede entender que la indemnización de uno incluya también a los demás. Por tanto, ambos deben ser reconocidos.

Nota

[1] Enviado Tribunal de Milán. de 20.10.1997.

[2] Cass. expedido. norte. 6607/1986.

[3] Acuerdo de Udine de 09.03.1995.

[4] Cass. expedido. norte. 8827 y enviado. norte. 8828.

[5] Cass. SS.UU. expedido. norte. 26972/2008.

[6] Cass. expedido. norte. 10414/2016.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *