Instinto maternal

Sólo tenemos que escuchar a nuestro instinto más primario, nuestro instinto maternal.

Cuando una madre pare, ten cuidado. No te metas en su forma de ejercer la maternidad, es más, no te metas con el vínculo entre ella y su bebé.

Me he encontrado ya con muchos casos de mujeres que dejan la lactancia por culpa de lo que les dice la gente, mujeres que deciden dejar que sus hijos lloren para que se acostumbren a dormir, mujeres que no sabían que lo que diga la gente está de más.

Hoy quiero reivindicar que sólo tenemos que escuchar a nuestro instinto más primario, nuestro instinto maternal. ¿Por qué? Por que nuestros bebés escuchan su instinto, quieren y necesitan estar con su madre.

Cuando una es madre, una ya no piensa tanto en sí misma como en su bebé. Qué a nadie se le ocurra hacerle daño. Y, qué a nadie se le ocurra hacerme daño. Es muy cierto eso que dicen de que, si una no está bien, su hijo o hijos tampoco lo estarán. Un niño quiere a su madre, la quiere más que a nadie en este mundo porque no conoce más amor que en ella. Una madre ama a su hijo más que a nada ni nadie en este mundo y por ello, uno debe respetar esas cosas.

Hay gente que no respeta todo esto. No hablo sólo de gente de la calle, hablo también de gente que está en la familia. La gente debería considerar todo esto, yo deseo que la gente cambie y valore más el vinculo que existe entre una madre y su bebé. Luego, los hijos crecen, hacen su vida y tienen su independencia; pero, cuando son bebés o niños, uno debe dejar que sean sus padres quienes guíen a ese pequeño. Nos empeñamos en hablar, hablar y hablar; opinar, opinar y opinar; y no nos empeñamos en sentir y en valorar realmente muchas cosas que son más importantes.

Cuando una es madre piensa que mataría por su bebé. Esto no es algo raro ni perturbador, es una realidad. Los animales actúan por instinto y las madres, sobre todo las recién paridas actúan por instinto. Y ustedes diréis “pero, si no somos animales”. No, claro que somos animales, lo que ocurre es que un animal no tiene nuestra conciencia ni entendimiento. Los humanos somos seres inteligentes, razonamos sobre el bien y el mal y, eso nos distingue mucho del resto de animales. Pero, ese instinto maternal no nos lo quita nada ni nadie, ni siquiera la inteligencia. La maternidad se siente y se lleva por dentro, y la madre que tiene un bebé, la madre que está recién parida sabe de lo que hablo. Nadie puede tocar o hacerle daño a nuestro bebé. Que a nadie se le ocurra intentar separarlo de nosotras, qué nadie lo haga llorar, que nadie hable mal de nuestro vínculo. Si a alguien se le ocurre, aunque sea por asomo, decirte lo que debes hacer cómo madre creo que se ha metido en la boca del lobo y creo que de ahí no va a salir.

Cuando una está recién parida puede coger odio a ciertas cosas que pueden durar para siempre. ¿Alguien recuerda aquellos momentos de embarazo en los que una siente repulsión o asco por muchas comidas, situaciones o cosas? Pues algo parecido se siente cuando alguien o algo se topa con nosotras e intenta mandar o exigir algo sobre cómo relacionarnos con nuestro bebé. Si lo coges poco, malo; si lo coges mucho, malo también. Si le das biberón, malo; si le das mucho tiempo pecho, malo también. Parece ser que hay una estadística para cómo hacer de madre, o quizás un manual de instrucciones que mucha gente lleva debajo del brazo y lo saca siempre que va a visitar a una puérpera.

En el sentido más íntimo, en el de nuestro ser, en el de nuestra persona, es en ese sentido en el que más cambia nuestra vida. Cambiamos, eso no es algo que haya que debatir ni discutir. Una mujer cuando es madre cambia, puede cambiar más o menos, pero cambia. Una no es la misma. Todo lo anterior no es igual, todo lo que viene tampoco. Nada de lo presente le parece familiar. Una cambia, sí; pero, porque tiene que cambiar, debe cambiar, para proteger a su bebé y protegerse a sí misma.

La vida cambia cuando se es madre, pero no cambia a mal, cambia a mejor. Es ahora cuando una se da cuenta de lo que es, una se da cuenta de lo que faltaba por ver. No podemos estar más completas que cuando somos madres.

Y, ¿qué ocurre cuando nos critican o hablan de cómo estamos o somos? Pues que cada vez nos importa menos lo que dirán y más lo que somos. Somos madres, madres de amor, madres de corazón. Esto es maternidad verdadera. La que sale de una sin preguntar, a la que le da igual si dicen o hablan, a la que le gusta ser como es. La que siempre se quedará con nosotros, la maternidad que se ejerce con el amor por primera norma.

Es amor de madre mirar los ojos de tu hijo y temblar de emoción y, regocijarse de lo bien que lo hemos hecho. De todo lo vacías que estuvimos anteriormente. Nos hemos dado cuenta de que la belleza existe y tiene nombre, de que nuestro corazón ya no vivirá dentro de nosotras sino fuera, de que por mucho que pase el tiempo seguirán siendo nuestros bebés.

Es amor de madre dar sin esperar. Nadie lo amará más que una misma.

Escrito por Victoria Cárdenas Serrato

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