¿Juega afuera? – ¡Quizás sea una buena idea!

Dia de aulas ao ar livre, sabe o que é?

Jugar al aire libre es una actividad cada vez menos común.

Ya sea por iniciativa de los propios padres, que por miedo limitan la exposición del niño a lugares fuera de su control, o de los propios niños que se sienten mucho más atraídos por las nuevas tecnologías que por una risa con amigos en la puerta.

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De hecho, el estilo de vida sedentario ha alcanzado cifras récord y en edades cada vez más tempranas.

Ver a un grupo de niños en la calle con sus bicicletas, un balón de fútbol o jugar con el “pequeño mono chino” ha sido un escenario cada vez más raro.

A menudo (asombrados) esta actividad es reprimida incluso por los propios vecinos que consideran la «canalhada» en la calle como una falta de civismo y propulsor de una futura delincuencia.

Jugar al aire libre es esencial, también estructural, y puede causar dificultades a los niños y sus desafíos futuros si esto no sucede.

Trabaja con conceptos esenciales (que nada tienen que ver con la delincuencia) como el respeto y la cooperación.

Pero, ¿jugar fuera de casa es tan importante desde el punto de vista del desarrollo? – lo más probable es que sí, de lo contrario veamos:

Motricidad

La motricidad funciona no solo moviendo los dedos sobre la tableta. Requiere muchas actividades y lo más variada posible. Los problemas relacionados con la obesidad infantil son comunes y pueden afectar al niño de manera mental, influyendo en su autoestima y dañando su propia imagen.

Comunicación

Comunicarse es una tarea fundamental a desarrollar en la infancia. El vocabulario aumenta a medida que avanza el desarrollo, pero también a medida que interactúa y se comunica con otros niños y adultos.

Negociación

Conocer las reglas del juego y respetarlas es fundamental para jugar al aire libre. Esto permite que el niño desarrolle su capacidad de negociación, desarrolle empatía, respetando la comunidad y su propia integración en el grupo, evitando conflictos.

Responsabilidad

Estar fuera de casa implica responsabilidades: no hablar con extraños, respetar el espacio que tienes para jugar y no meterte en líos. Se promueve la autonomía y el cumplimiento de lo acordado con los padres: mantente en contacto y conoce a qué hora tienes para volver a casa.

Jugar al aire libre también se trata de crecer. Si el niño no desarrolla esta autonomía ahora, tendrá que hacerlo más tarde, sin su supervisión y protección. Dejar al niño sin esta oportunidad le impide crecer de manera saludable y eficaz. Entonces, cuando tenga la oportunidad, deje que los niños jueguen afuera.

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