La píldora del día después no es un aborto: prescripción obligatoria

La píldora del día después no es un aborto: prescripción obligatoria

La objeción de conciencia es ilegítima: la píldora del día después no puede equipararse con el aborto para el que el médico de la clínica está obligado a recetarlo.

LA médicos opuestos al aborto puede evitar, por motivos de religión o de conciencia, solo la interrupción voluntaria del embarazo, pero no la administración de anticonceptivos simples como Píldora del día después: este último, en particular, es comparable a un medicamento normal y, por lo tanto, debe ser obligatorio prescrito por el ginecólogo de la clínica. Esto es lo que ha aclarado el Tribunal Administrativo Regional de Lazio con una sentencia reciente [1].

El principio está ahora consolidado en la jurisprudencia y también elAifa (la agencia italiana de drogas) y laEma (su homólogo europeo) ahora han dejado claro que la píldora no es más que un simple anticonceptivo y no puede asimilarse al aborto; por tanto, el médico de la clínica, aunque sea un objetor, no puede abstenerse de recetárselo a la mujer que acude a él después de poco tiempo de la relación «arriesgada». Las razones de conciencia, de hecho, bien pueden eximir al ginecólogo de estar involucrado en la intervención de la interrupción voluntaria del embarazo, pero no de la administración de drogas post coito.

Después de todo, la ley [2] destinado a considerar aborto sólo lo que ocurre en una fase posterior a la implantación del óvulo en el útero materno. Esto no sucede en el caso de tomar la píldora unas horas después de la relación sexual. No debemos olvidar que nuestro ordenamiento jurídico deja a la madre la libertad de autodeterminarse cuando se cumplen las condiciones exigidas por la ley para obtener la interrupción del embarazo. De hecho, la Corte Suprema ha dicho que en el equilibrio entre el valor y la protección de la salud de la mujer y el valor del niño, la ley permite que la madre solicite la interrupción del embarazo.

La objeción de conciencia libera al ginecólogo de involucrarse en el acto que produce directamente la interrupción del embarazo. Pero, por ejemplo, el Servicio de Emergencias Médicas arriesga condena por rechazo de documentos oficiales si no interviene para ayudar a la mujer inmediatamente después del aborto inducido por drogas por otro médico que no comparte la objeción de conciencia (los llamados placenta) y, por tanto, en una fase no destinada a determinar la interrupción del embarazo. El derecho a la objeción de conciencia, en efecto, no puede entenderse de manera que exima al médico de intervenir durante todo el procedimiento de interrupción del embarazo, pues es una interpretación que no tiene fundamento en la ley de 1978.

Nota

[1] Tar Lazio, enviado. norte. 8990/16.

[2] L. n. 194/1978.

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