Lenguajes y emociones de los bebés

Lenguajes y emociones de los bebés.

En los primeros meses, la dependencia de un bebé es casi total.

A esta dependencia se suma la dificultad para transmitir las necesidades y dolores, especialmente antes de que pueda expresarse a través de medios de comunicación más sofisticados y que una gran parte de nosotros damos por sentados, como el lenguaje verbal, los gestos y otras expresiones no verbales asociadas con él.

Si pudiéramos elegir un canal de comunicación clave en los primeros días, este sería el lenguaje no verbal, y esto incluye la expresión corporal (incluidas las expresiones faciales) y las vocalizaciones que lo acompañan.

A medida que pasan los meses, la forma en que el bebé se comunica también mejora, como resultado de la interacción y el desarrollo cognitivo que se está produciendo de forma progresiva.

Los propios cuidadores notan y comienzan a distinguir algunos gestos y expresiones que los inducen a un determinado comportamiento o necesidad que tiene el bebé, asociándose con las rutinas que el bebé adquiere a diario, como consecuencia de ritmos familiares que se repiten a diario.

Unos meses de contacto ya permiten a los padres percibir, por ejemplo, a través de diferentes tipos de llanto una necesidad específica: un llanto agudo e intenso puede significar dolor (también esto a veces asociado a calambres), o hambre que suele ser sinónimo de un grito fuerte y prolongado que se detiene en el momento en que llega la botella.

Con esta gran cantidad de vocalizaciones, suelen acompañar a las expresiones faciales. Estos sirven para reforzar la comunicación, complementando un grito de dolor con una expresión facial de enfado o tristeza, o de alegría cuando aparece la risa.

Todos estos procesos son el resultado de emociones, en este caso primarias y que ya tiene el bebé, aunque su panoplia emocional no es completa al nacer, llenándose posteriormente, en diferentes etapas y etapas de crecimiento.

La capacidad de comunicarse es una de las características más llamativas en el ser humano, función que tenemos desde que nacemos, aunque evidentemente en una perspectiva muy arcaica.

Todos estamos equipados al nacer con este deseo de que, en aras de la supervivencia, sea constante la tendencia casi innata a la socialización y la integración en grupos con miras a la protección mutua.

Podemos decir que todos nacemos con el arte de comunicar, que muchas veces se manifiesta por su aspecto más natural, en este caso a través de las emociones, que gracias a su sencillez y funcionalidad, en situaciones extremas tienen un impacto mucho mayor en quienes nos rodean. .

Aunque gran parte de esta comunicación es a menudo instintiva, siempre tiene un propósito, en este caso de apoyo, protección y también apego.

Sigue siendo interesante pensar que un ser frágil y dependiente recién nacido ya tiene todas las herramientas (genéricamente hablando) para que pueda interactuar con el mundo tan fácilmente.

Todos pensamos en la comunicación muchas veces como una «conversación de adultos». Sin embargo, es tan pronunciado en todos nosotros y es tan natural que si lo entendemos así (como algo natural) quizás podamos mejorar nuestra interacción con los demás de una manera emocionalmente más saludable, que tanto se necesita en el mundo en el que vivimos.

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