Mamá, quiero ir a dormir con un amigo, ¿puedo?

Mamá, quiero ir a dormir con un amigo, ¿puedo?

Dormir fuera de casa es una actividad común entre muchos niños. Y sigue siendo una actividad de gran relevancia en el desarrollo, cuando es posible.

Si está leyendo esto y su hijo tiene 10 años y aún no ha sucedido, no se preocupe.

No hay una edad específica para hacer esto.

Los más habituales son los de 5-6 años, aunque la dinámica familiar y la consecuente construcción de la independencia varían por muchos factores.

Las relaciones de amistad se desarrollan y mejoran de manera diferente y la solicitud de pasar la noche llegará cuando sea el momento.

No forzar es importante. En la mayoría de los casos, la iniciativa la debe tomar el niño, cuando se sienta preparado y la amistad sea segura para dejar el ala de los padres y afrontar la aventura de frente.

En cualquier caso, las pernoctaciones fuera de casa pueden ser experiencias importantes en el desarrollo.

Es con ella que empieza a vivir otras familias, con otras dinámicas que no son ni mejores ni peores que las tuyas. Se puede favorecer la tolerancia y la adaptabilidad. Fuera de la protección de los padres, se puede experimentar y comprender mucho.

Jugar también ayuda. Es en “la casa de otra persona” donde se puede trabajar en el manejo emocional, cuando el entusiasmo inicial es reemplazado por la tristeza a la hora de acostarse. Aquí los padres tienen un papel importante en la preparación, haciendo que el niño sea consciente de lo que puede suceder y cómo afrontar la situación.

El juguete favorito puede ser una ayuda importante para incluir en la mochila en las primeras escapadas.

En las primeras veces, también es importante que los padres centren su atención en tres aspectos diferentes:

  • En el niño: Preparar al niño para lo que sucederá y lo que abarcará la actividad es un punto importante.
  • En los anfitriones: Sobre pequeñas particularidades, hábitos y especificidades que pueda tener el niño: medicación en su caso, entre otros.
  • En los propios padres: De la ansiedad de separación que pueden sentir por la partida del niño. Tenga en cuenta que llamar siempre no es beneficioso para usted ni para el niño. La aventura debe afrontarse con seguridad y naturalidad. Si aparece la ansiedad, intenta relajarte, aunque siempre estás en contacto. Programe horas específicas con su hijo para llamar, estableciendo puntos de contacto para que pueda hacerlo responsablemente por su propia iniciativa.

Dormir fuera de casa es, después de todo, un ejercicio de autonomía. Y la autonomía trabaja entre sí: tanto en el niño como en los propios padres.

El niño será tarde o temprano un adulto autónomo.

También depende de ti contribuir para que esta parte del desarrollo se construya, con pequeños pasos y pequeñas aventuras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *