Nada es imposible

Antes de todo, me gustaría guardar mi privacidad, por miedo a que se rían de mi niña o de nosotros.

Mi niña, Valeria, ha sido una niña muy deseada. Todo empezó hace seis o siete largos años, cuando mi marido me propuso tener un hijo pero yo no quería. Mi excusa fue que no estábamos casados así que nos casamos el 25 de octubre del 2013. Tuvimos una boda muy improvisada pero no faltaba el amor, el cariño ni la ilusión… A día de hoy me casaría mil y una vez así y con él.

Deje las famosa pastillas «Jasmin» para empezar a buscar quedarme embarazada. Los meses pasaban uno tras otro y ella no aparecía. Al principio lo llevaba bien, porque en realidad yo no estaba muy convencida pero, al año y medio decidimos ir al médico y todos eran problemas: alguien estaba de baja, los resultados se perdían, etc. Hasta que un día nos dijeron que mi marido tenía los espermas vagos, se tomaba muchas pastillas, a saber cual era más cara, pero seguíamos en las mismas.

El tiempo pasaba y el reloj no dejaba de hacer tic-tac….

Nos llamaron a los 5 años de espera de Sevilla del hospital Virgen del Rocío. Recuerdo que fue el día más bonito y más el más duro de mi vida. Fuimos muy ilusionados, pensando que nuestra pena acabaría allí, en el momento que el doctor nos viera y nos diagnosticara.

Pues bien, llegamos allí y me exploraron para acabar diciéndome que nosotros no teníamos ningún derecho a un tratamiento ya que yo me pasaba de peso y mi marido de edad. A mi aquello me destrozó, me hundió más si se podía. Todo se fue al traste en un momento, por un gobierno que en esta Comunidad no le daba oportunidad a personas como nosotros de esos tratamientos.

Pero la vida nos sonrió entre comillas un poco más tarde ya que, el padre de mi marido murió por desgracia. ¡Era una persona grande! Ahora se ha convertido en nuestro Ángel de la guarda. Gracias a él, fuimos por lo privado, donde nos dijeron que mi marido no tenía nada vago, sino que era yo, que mi reserva ovárica era poca y la poca que existía era de mala calidad.

Nos sometimos a un tratamiento que no funcionó, y ¡uf! aquello fue otro hundimiento.

En septiembre del año pasado nos sometimos a otro, bueno mi marido casi que me «obligó», porque yo ya no quería porque pensaba que no iba a funcionar y, a regañadientes me sometí. Me dijeron que esperara 15 días para hacerme la prueba en sangre, pero no podía esperar y pedí por Amazon un montón de palitos.

Al séptimo día me hice la primera prueba, y para mi desilusión me dio negativo «otra vez» pero no le dije nada a nadie. Me metí en Google ese mismo día y vi que a una chica le pasó como a mí, y ella decía que la hormona que despierta esa prueba tarda en subir cuando la prueba se hace tan pronto y que, a ella le había tardado en salir la rayita del positivo un día entero.

Así que fui corriendo como una loca al día siguiente a la papelera del baño, y para mi sorpresa había una sombra donde tendría que salir el positivo o, ¡por lo menos eso me parecía a mí! Igualmente no dije nada a nadie porque no quería crear falsas esperanzas, a los dos días sigilosamente me la volví a hacer y la sombra volvía a salir. Así que se la enseñé a una amiga, para ver si ella la veía y no eran mis ganas y… ¡la vio!

Empecé a decírselo a mi marido pero mi marido no quiso creérselo hasta no ver la prueba de sangre. Llegó el día de la prueba de sangre y, ya puedes imaginar qué ocurrió: ¡POSITIVO!

Tuve que seguir con medicación los 3 primeros meses, pero ¡ha sido un embarazo buenísimo!

A la semana 22 la sentí por primer vez y fue el día más maravilloso porque era real.

Aún la miro y no creo que sea mía, que lo haya conseguido…

Gracias a nuestro Ángel de la guarda sin él no lo hubiéramos conseguido.

Cuando me despierto y está a mi lado, en la cama, es la sensación más bonita que jamás había tenido en mi vida. Es maravillosa, ella entera, no cambiaría nada de mi lucha porque, gracias a esa lucha ella está aquí.

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