Obligar al hijo a demostrar que no es una droga es un delito

Obligar al hijo a demostrar que no es una droga es un delito

El progenitor es condenado por malos tratos y lo obliga a someterse a un análisis toxicológico o un examen ginecológico para saber si la hija ha tenido relaciones sexuales.

Una desventaja es mantener a los niños bajo control para evitar que se equivoquen. Y otra muy diferente es pretender hacer el papel de padre con violencia. Entonces, se compromete delito de malos tratos el padre que obliga a su hijo a hacer dioses exámenes médicos para saber si está tomando drogas o llevar a la fuerza a su hija al ginecólogo para saber si ya ha tenido dioses relaciones sexuales o todavía lo es Virgen. Sería difícil creer que estas cosas sigan sucediendo hoy si no hubiera una sentencia reciente de la Corte Suprema al respecto. [1].

La Corte Suprema conoció el caso de un hombre que había obligado a su hija menor a realizarse análisis de orina en su domicilio para detectar la posible presencia de estupefacientes y un reconocimiento ginecológico, siempre en el domicilio, por asegúrate de que ella todavía sea virgen. Hostigamientos que han sido reconocidos como tales por el tribunal territorial, ya que las declaraciones realizadas por la adolescente no aparecían condicionadas por el odio o el rencor (la niña habría mostrado, efectivamente, cariño y admiración por su padre). Además, los hechos fueron acreditados por una certificación médica y por los testimonios de un maestro y el propio ginecólogo.

Que la joven consumía drogas era un hecho conocido, ya que la niña nunca lo ocultó. Sin embargo, según la Corte Suprema, hay que condenar el hecho de que el padre no acudió a las estructuras encargadas para hacer frente a estos problemas sino que decidió actuar por su cuenta sin preocuparse por las consecuencias que su comportamiento podría tener para su hija. No solo los análisis y la visita que la joven se vio obligada a hacer, sino también las golpizas que habría sufrido más de una vez.

Ante la condena del tribunal territorial, el padre apeló al Tribunal Supremo donde, sin embargo, los jueces supremos nuevamente lo han agraviado. De hecho, la sentencia establece que tal conducta del padre excede el límite de una método educativo correcto, ya que – leemos – «el uso sistemático de la violencia, como trato ordinario del menor, aunque sea apoyado en un animus corrigendi, no puede caer en el ámbito del abuso de los medios de corrección sino que se concreta, bajo el perfil objetivo y subjetivo , los extremos de lo mas serio delito de malos tratos«

La Corte Suprema habla abiertamente de «consecuencias en términos de sufrimiento moral» para la hija, de «humillación y desvalorización de la personalidad» al obligar a la niña a un examen ginecológico para comprobar si ya había tenido relaciones íntimas, a orinar frente a ella. padre para hacer el examen toxicológico, pidiendo que, en la escuela, permaneciera aislada durante el recreo.

Según el Código Penal [2], «El que maltrate a un familiar o en todo caso conviva o persona bajo su autoridad o encomendada a él por motivos de educación, instrucción, cuidado, visibilidad o custodia […] se castiga con pena privativa de la libertad de tres a siete años. La pena se incrementa hasta la mitad si el delito se comete en presencia o en perjuicio de un menor, una mujer embarazada o una persona con discapacidad, o si el delito se comete con armas «.

Nota

[1] Cass. enviado. norte. 7511/2021.

[2] Art. 572 cod. lápiz.

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