¿Qué son los trastornos del neurodesarrollo?

A lo largo de la vida, el desarrollo es la consigna.

En cualquier período que atravesamos, algo, por pequeño que sea, está en desarrollo.

Las experiencias por las que pasamos a diario nos obligan a hacer esto. Durante nuestro ciclo de vida, ganamos ciertas habilidades y también perdemos otras.

En los niños esto no es una excepción, ya que desarrollan en los primeros años de vida numerosos ámbitos y características que serán fundamentales para que crezcan sanos.

Hablamos de lenguaje, cogniciones en general, habilidades comunicativas, motricidad fina y muchos otros.

Es importante tener en cuenta que todos los niños son diferentes y que algunos están más dispuestos a realizar determinadas actividades que otras. Un ejemplo que podemos enumerar es el apetito por el deporte (en el que unos son mejores y otros peores) o por la música (que requiere otras habilidades, en las que ciertos niños son más fáciles).

El neurodesarrollo es, por tanto, plástico y cambiante, con variaciones de un niño a otro y de una edad a otra.

Cuando se diagnostican trastornos asociados a ella, hablamos de una situación que afecta en gran medida la experiencia del niño en los diferentes universos donde se inserta, incluido el social, escolar o personal.

En este sentido, los trastornos del neurodesarrollo se refieren exactamente a un déficit en una determinada área / competencia a desarrollar en el niño.

Suelen aparecer en la primera infancia, salvo contadas excepciones y que se benefician de este condicionamiento, o de esta dificultad concreta en un área determinada.

El término en sí engloba un conjunto de trastornos que pueden ser de innumerables aspectos, con solo un déficit neurológico en común que condiciona (o puede condicionar) el desarrollo.

Ejemplos de trastornos del neurodesarrollo (entre otros) son los relacionados con el espectro autista, los trastornos cognitivos combinados con la comunicación o el trastorno más frecuente y conocido de hiperactividad y déficit de atención.

Todos ellos implican un diagnóstico, preferiblemente de la forma más temprana posible para una intervención adecuada y eficaz.

La intervención terapéutica suele incluir un equipo multidisciplinar, con varios profesionales de Pediatría y Psicología asumiendo un papel a menudo central.

Es importante que los padres y otros cuidadores estén atentos y busquen ayuda de expertos si notan algo fuera de lo común con el niño.

La dificultad para devolver una sonrisa, para verbalizar, hablar o articular palabras, así como los comportamientos repetitivos, pueden ser información importante para compartir con un profesional de la salud, responder preguntas, tranquilizar a la familia e intervenir si es necesario.

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